Enemigos Públicos (o el anacronismo del futuro)

Enemigos Públicos 2

Hoy día son muchas las películas que han optado por el soporte digital. Ya son más de 1000 las que se han hecho de esta manera. Las cámaras son más livianas que las de cine, más baratas, la información no queda registrada en pesados y costosos rollos sino en pequeños y económicos cassettes, se puede revisar el material en la locación apenas se termine de grabar y con el auge de los proyectores digitales pronto no se necesitarán las costosas copias en celuloide, sino que las películas serán transmitidas por la red a los diversos cines del mundo entero. Trabajos como El Curioso Caso de Benjamin Button de David Fincher o Jumper de Doug Liman, han hecho casi imposible para el gran público notar la diferencia entre ambos formatos. Directores como Michael Mann, buscan todo lo contrario. Las tres últimas películas de Mann han sido hechas con video digital de alta definición, Colateral, una historia que transcurre en Los Ángeles, y Miami Vice, fueron sus dos primeras experiencias. Ambas historias transcurren en el presente y su particular estilo visual deja ver a leguas que no fueron hechas, ni pretenden lucir, de la manera tradicional. En Enemigos Públicos su última cinta, Mann ha llevado esta estética sucia y llena de ruido RGB al año de 1933, para contar la historia de John Dillinger, el mítico y carismático ladrón de bancos; interpretado  por Johnny Depp. Enemigos Públicos luce así: blancos saturados que parecen estallar, profundidad de campo casi infinita, tonalidades atípicas, luces más que sobre expuestas, ruido visual exagerado, colores y texturas que poco se ven en una sala de cine, bajo contraste, escenas nocturnas más parecidas a lo que ve el ojo humano, una cámara que se mueve constantemente como en un documental, una sensación espectral cuando los personajes se mueven demasiado rápido, planos con detalles microscópicos, cierta reminiscencia de video casero, una total indiferencia por el llamado film look de las películas de 35 milímetros y además una banda sonora cargada de atmósferas de sintetizadores. Podría hacerse una lista más larga de cualidades y condiciones de esta cinta, pero estas se aminoran un poco por el hecho de que aun el número de proyectores digitales en el mundo es reducido, o sea que la gran mayoría de mortales la vimos con proyectores convencionales, y por eso aun sigue manteniendo una pequeña relación con el celuloide y sus rayones y hace un poco menos amplia la diferencia. Mann dice que escogió el video digital porque le daba un aspecto más realista a su trabajo, pero muchos consideran que Enemigos Públicos es una película anacrónica, pues no logran conciliar que una obra de época tenga un look tan actual, tan poco parecido a las demás películas de época que han visto antes, por eso la pregunta necesaria es, ¿y como se veía 1933? ¿acaso en blanco y negro? Es un error relacionar un determinado estilo visual a una época en particular que nos ha impuesto la costumbre de nuestra propia experiencia cinematográfica. Hace poco tiempo alguien me dijo, de forma muy honesta, que los paisajes apocalípticos de Terminator: La Salvación, mostraba paisajes apocalípticos poco realistas. ¿Quien sabe como luce el apocalipsis? ¿Cómo luce el futuro? La gran mayoría de personas del planeta jamás vivimos en los tiempos de La Gran Depresión y ni siquiera conocemos los Estados Unidos de América, el mayor proveedor del imaginario colectivo mundial y en el que nos basamos para juzgar de esta manera. Muchos de los trabajos fotográficos de la películas “de época” están inspiradas en fotografías de películas “de la época”, no en la “realidad”. El gran problema es que Mann no es tan indulgente (o simplemente es un maniático de la estética) y está en busca de una visión nueva, ¿mejor o peor que elfilm look? no importa, lo que importa es que sea diferente y eso siempre necesita tiempo para que nos acostumbremos, aunque después que nos acostumbremos exijamos que todo sea igual a lo que hemos asimilado y esta discusión se vuelva a repetir.
Enemigos Públicos pretende ser épica, narrativa y visualmente, como todas las de Mann, y aunque en lo visual es un triunfo, su historia, que intenta  mostrar personajes al borde de la moral que se confunden entre los buenos y los malos, parecen estar más a la disposición de una atmósfera visual con momentos tensos y emocionantes que al desarrollo de la narración. La película es efectiva para mover fibras, pero da la sensación que, aunque está cerca, no llega a su meta, sea cual sea. Lo que resulta inexplicablemente épico en esta obra es la sencilla relación de amor entre Dillinger  y Billie Frechette su novia mestiza, interpretada con su habitual encanto por Marion Cotillard, en una actuación que deja la impresión de que su personaje es una mujer sacada de otra época. En el último trabajo de Mann lo visual lo es todo, la historia es accesoria.

Hoy día son muchas las películas que han optado por el soporte digital. Ya son más de 1000 las que se han hecho de esta manera. Las cámaras son más livianas que las de cine, más baratas, la información no queda registrada en pesados y costosos rollos sino en pequeños y económicos cassettes, se puede revisar el material en la locación apenas se termine de grabar y con el auge de los proyectores digitales pronto no se necesitarán las costosas copias en celuloide, sino que las películas serán transmitidas por la red a los diversos cines del mundo entero. Trabajos como El Curioso Caso de Benjamin Button de David Fincher o Jumper de Doug Liman, han hecho casi imposible para el gran público notar la diferencia entre ambos formatos (35 mm y video). Directores como Michael Mann, buscan todo lo contrario. Las tres últimas películas de Mann han sido hechas con video digital de alta definición, Colateral, una historia que transcurre en Los Ángeles, y Miami Vice, fueron, si excluimos algunos planos de Ali hechos en video, sus dos primeras experiencias. Ambas historias transcurren en el presente y su particular estilo visual deja ver a leguas que no fueron hechas, ni pretenden lucir, de la manera tradicional. En Enemigos Públicos su última cinta, Mann ha llevado esta estética sucia y llena de ruido RGB al año de 1933, para contar la historia de John Dillinger, el mítico y carismático ladrón de bancos; interpretado por Johnny Depp. Enemigos Públicos luce así: blancos saturados que parecen estallar, profundidad de campo casi infinita, tonalidades atípicas, luces más que sobre expuestas, ruido visual exagerado, colores y texturas que poco se ven en una sala de cine, bajo contraste, escenas nocturnas más parecidas a lo que ve el ojo humano, una cámara que se mueve constantemente como en un documental, una sensación espectral cuando los personajes se mueven demasiado rápido, planos con detalles microscópicos, cierta reminiscencia de video casero, una total indiferencia por el llamado film look de las películas de 35 milímetros y además una banda sonora cargada de atmósferas de sintetizadores. Podría hacerse una lista más larga de las cualidades y condiciones de esta cinta, pero estas se aminoran un poco por el hecho de que aun el número de proyectores digitales en el mundo es reducido, o sea que la gran mayoría de mortales la vimos con proyectores convencionales, y por eso aun sigue manteniendo una pequeña relación con el celuloide y sus rayones y hace un poco menos amplia la diferencia. Mann dice que escogió el video digital porque le daba un aspecto más realista a su trabajo, pero muchos consideran que Enemigos Públicos es una película anacrónica, pues no logran conciliar que una obra de época tenga un look tan actual, tan poco parecido a las demás películas de época que han visto antes, por eso la pregunta necesaria es, ¿y como se veía 1933? ¿acaso en blanco y negro? Es un error relacionar un determinado estilo visual a una época en particular que nos ha impuesto la costumbre de nuestra propia experiencia cinematográfica. Hace poco tiempo alguien me dijo, de forma muy honesta, que los paisajes apocalípticos de Terminator: La Salvación, mostraba paisajes apocalípticos poco realistas. ¿Quien sabe como luce el apocalipsis? ¿Cómo luce el futuro? La gran mayoría de personas del planeta jamás vivimos en los tiempos de La Gran Depresión y ni siquiera conocemos los Estados Unidos de América, el mayor proveedor del imaginario colectivo mundial y en el que nos basamos para juzgar de esta manera. Muchos de los trabajos fotográficos de la películas “de época” están inspiradas en fotografías de películas “de la época”, no en la “realidad”. El gran problema es que Mann no es tan indulgente (o simplemente es un maniático de la estética) y está en busca de una visión nueva, ¿mejor o peor que el film look? no importa, lo que importa es que sea diferente y eso siempre necesita tiempo para que nos acostumbremos, aunque después que nos acostumbremos exijamos que todo sea igual a lo que hemos asimilado y esta discusión se vuelva a repetir.

Enemigos Públicos pretende ser épica, narrativa y visualmente, como todas las de Mann, y aunque en lo visual es un triunfo, su historia, que intenta  mostrar personajes al borde de la moral que se confunden entre los buenos y los malos, parecen estar más a la disposición de una atmósfera visual con momentos tensos y emocionantes que al desarrollo de la narración. La película es efectiva para mover fibras, pero da la sensación que, aunque está cerca, no llega a su meta, sea cual sea. Lo que resulta inexplicablemente épico en esta obra es la sencilla relación de amor entre Dillinger  y Billie Frechette su novia mestiza, interpretada con su habitual encanto por Marion Cotillard, en una actuación que deja la impresión de que su personaje es una mujer sacada de otra época. En el último trabajo de Mann lo visual lo es todo, la historia es accesoria.

 

Baner

~ por Juan José Castillejo en Agosto 24, 2009.

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