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Cinema D.C.

Está lloviendo, como siempre, nadie quiere perdérsela. A la entrada se ve el letrero en grandes luces rojas de neón, resplandecientes, fuertes, sucias, y todos, como insectos, nos acercamos atraídos por la luz de prostíbulo y por el zumbido eléctrico.

Todos los días la premier es Bogotá. Una vez en el cinema, nos damos cuenta que Bogotá es una película de suspenso. Voy caminando por una calle, llevo un gabán puesto, miro a una mujer que va delante de mi, la rubia platinada se da cuenta que la miro, toma su bolso con fuerza y camina más rápido, se aleja. La miro y me pregunto por qué huye de mí, yo solo quería mirarla. Alguien camina detrás de mi, mejor apuro el paso y cruzo la calle, debo tener cuidado. Y el que me sigue, también será perseguido, también tendrá miedo, pero será un miedo de utilería, porque todos en Bogotá conocen el guión a la perfección. Todos tienen originales frases de cajón, de tv cable, todos conocen el gesto “inesperado”.

Se dice que esta película es tolerante, abierta, pluralista, y tal vez es verdad, pero lo que más se acerca a la verdad,  es decir que se trata de una cinta aburrida, una historia que todos han visto miles de veces y en la que todos conocen el final, no importa si es muerte, hambre, robo, miseria, riqueza, se los conocen plano a plano, todos. Y es que, por qué otra cosa, que no sea el aburrimiento, los extras no ayudan a alguien cuando lo roban delante de sus narices. No es indiferencia, es simple y llanamente, físico aburrimiento, porque ya lo han visto todo y este final, si ayudan, es una puñalada, así que se trata de un guión de hierro, no hay mucho espacio para la creatividad. Pero puede haber otro motivo por el que Bogotá es así. Para cubrir esta inmensa película se necesitan muchas cámaras y aquí hay de sobra: las de los bancos, seguridad, la suya, la mía, las de los celulares, las de los noticieros, las de los comerciales, las de la policía, las del cazanoticias, las de los ojos. Hay un perpetuo casting de siete millones de habitantes. Si caminas por el norte y ves algún personaje de la farándula, te arreglas el cabello, hay cámaras cerca. Si vas por el centro y ves un par de putas a las diez de la mañana tratándose de ganar la vida, piensas que es material para un documental, tal vez hay cámaras cerca. Así, Bogotá se repite dentro de Bogotá, vemos a Bogotá en la TV, en el televisor que está en el set de la telenovela, en la radio, en la prensa, Bogotá se repite hasta el infinito, como si estuviera entre dos espejos, Bogotá es eterna, calma, aburrida. La ciudad se basta a si misma. Se traga a si misma.

Bogotá también es una película de acción para toda la familia. Explosiones, choques de autos, una mujer tetona que sale de la nada y un comentario inteligente cuando muere el malo; pero las películas familiares cansan, entonces te duermes a mitad de la película, que va tan rápido que  cuando te despiertas tu vida ya pasó… y no la viste. Ahora Bogotá es un drama.

Si te emborrachas o te drogas para percibir otra realidad, para ver el subtexto, pierdes el tiempo, Bogotá es inalterable, imparable, y este tren te arrolla. A lo sumo lo que conseguirás será una visión de granangular, rara, un poco más amplia.

El bus, el viento, el voceador, el payaso que promociona almuerzos, la salsa, las máquinas de construcción, el ruido del mimo, los mil acentos, el mariachi, el punketo, el frenazo intempestivo, el vallenato, el silencio de mi cuarto en la noche, el trueno, los pitos; Bogotá es una gran amasijo sonoro, tan espontáneo, tan ingenuo, que termina siendo original, el sonido es malo; pero la banda sonora definitivamente es buena, es lo que menos se repite, el único espacio para improvisar dentro de esta pantalla.

Se ha invertido mucha plata en esta película, mucha promoción, mucha polémica para llamar la atención; pero es mala esta cinta, es que ni siquiera fue rodada en 16 mm., miren los colores, como opacos, muertos. Definitivamente Bogotá es una ciudad-video, editada a garrotazos con trozos de diversos formatos.

¿Y este final? Bueno, este final es la película que te contaron desde que naciste y que te impresionó tanto antes de conocerla, pero que se convierte en Colombia, pierde brillo, revoloteas al lado del gran letrero de neón rojo, pero por costumbre, por vicio, y vuelves a entrar  al cinema todos los días, ni siquiera te das cuente que te duermes y hasta lo disfrutas, te olvidas de todo, te aprendes el libreto.

Publicado en Revista Labra Palabra, septiembre de 2007.

~ por Juan José Castillejo en Mayo 16, 2008.

Una respuesta to “Cinema D.C.”

  1. pues no se, puede que tenga razón…

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