Te Amo

•Septiembre 17, 2009 • 1 comentario

Con las mismas palabras desgastadas de siempre que saben el camino de memoria a través de mi garganta y no se ahogan en mi saliva, quiero decirte que esto es lo único que puedo hacer por ti.

 

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Regreso a Casa

•Septiembre 11, 2009 • 2 comentarios

 

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Príncipe y Mendigo

•Agosto 31, 2009 • Dejar un comentario

¿Qué Pasó Ayer?

•Agosto 30, 2009 • Dejar un comentario

The Hangover

¿Existe algo llamado comedia épica? No, pero ¿Qué Pasó Ayer? (The Hangover) dirigida por Todd Phillips (Starsky & Hutch) se acerca bastante a esta definición. Posiblemente desde Porky’s, y no me refiero a la calidad de la cinta, no veía una comedia de situaciones que me dejara con esa sensación de satisfacción y cansancio. ¿Qué Pasó Ayer? está basada en la trillada línea argumental de un grupo de amigos que deciden pasar la noche de sus vidas y todo se sale de control, pero armada alrededor de un pequeño misterio en el que sus personajes, exagerados, creíbles y extraños, su bien logrado casting (Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis) las actuaciones ajustadas, sus situaciones tan descabelladas como posibles, su manejo del tiempo, un inicio que deja al público enganchado y con ganas de saber que pasó y el hecho de que, de verdad, produce muchas risas, hace que el espectador se olvide de las mil películas que se parecen a esta y se de cuenta, al final, que es una comedia tan común como inteligente. Esta cinta tiene músculo y nervios, y es caótica solo en apariencias, porque a pesar de ser deliberadamente exagerada, el director y los guionistas (Jon Lucas, Scott Moore) saben sacarle jugo a los clichés sin que se les salgan de las manos y se las arreglan para que termine siendo un viaje a toda velocidad lleno de testosterona en el que hay cosas por descubrir y no otra comedia que no da risa.

 

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Zapatero a tus Zapatos

•Agosto 30, 2009 • Dejar un comentario

En las últimas semanas la temperatura en Valledupar no ha bajado de los 35°, algunos días llega a 37° o 38°. Es insoportable. Por eso no me cabe en la cabeza que haya gente que se atrevan a usar prendas para clima frío. Una vez, en un concierto de rock, vi personas con chaquetas negras llenas de taches. Sudaban como caballos, pero lucían como la gente de los videoclips. Desde hace algún tiempo en cualquier calle de Bogotá, a media noche, se ven jóvenes sin chaqueta y sin medias, como si la temperatura fuera de 27° y no de 8°. He visto personas en pantalones cortos y camisilla. Mientras las manos se me entumecen por el frío, ellos se niegan a abrigarse, aunque la piel se les ponga de gallina. Yo soy un animal de calor, si, pero aunque mucha gente dice que en Bogotá ya no hace tanto frío como antes, aun es necesario arroparse para dormir bien y los calentadores de agua siguen siendo un buen negocio. Cada vez hay más gente vistiéndose como si fuesen inmunes a la temperatura, como si vivieran en el set de una película donde la nieve es icopor y el calor es agua rociada con un atomizador. Al parecer nadie quiere ser lo que es, ni parecerlo. ¿Será que los costeños queremos demostrarle a los cachacos que no somos tan corronchos como ellos piensan? ¿O los del interior quieren probar que no son tan rígidos y aburridos como se les acusa? ¿Será que se acabaron los regionalismos de este país y ahora las regiones colombianas se imitan entre si? ¿O simplemente pasamos demasiado tiempo frente al televisor contemplando el clima perfecto de Los Ángeles y a sus habitantes que usan abrigos y camisetas por igual sin que eso les afecte? De todas maneras, si eres un cachaco pro-congelamiento o un costeño amante de los baños de sudor, ayúdanos a resolver este misterio.

 

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¡Maten a Los Simpsons por Favor!

•Agosto 25, 2009 • 1 comentario

Los Simpsons

Jamás nadie pensó que las historias de una familia amarilla y disfuncional se fuesen a convertir en uno de los mejores programas de la historia de la televisión. Nadie pensó tampoco que fuesen a cumplir 20 años de vida, que en años televisivos, sería algo comparable al mismísimo Matusalén, el bíblico anciano que murió a las 969 primaveras, lo cual quiere decir que Los Simpsons es un show que sobrepasó hace mucho tiempo sus expectativas de vida. Los personajes de esta serie son reales, eructan, ven televisión, se equivocan, se contradicen, son absurdos, hay ricos, pobres, homosexuales, envidiosos, rateros, alcohólicos, mafiosos, estrellas de televisión, políticos corruptos. Hay burdeles, casinos, bares, hogares destruidos y mucho humor. Hay tantas similitudes con la realidad que quizás a esto, y a su humor absurdo y a ratos de carácter social, se deba su éxito durante tanto tiempo, pero en las últimas temporadas parece que los argumentos, las situaciones, los diálogos, los chistes, se están repitiendo, no funcionan y sufren una demencia senil que los aleja de las cosas que los hicieron amplios y agudos al mismo tiempo. Hoy por hoy producen más lástima que el respeto que todo anciano merece. Es como si cada episodio fuera una penitencia en la que solo se puede suspirar por algo que jamás volverá. Ya nadie se ríe cuando hay que hacerlo y los personajes se están hundiendo sin poder soportar su mismo peso. Ahora los habitantes de Springfield son más una autoparodia que otra cosa. Los Simpsons están agonizando lenta y dolorosamente y al parecer ni el público ni sus creadores quieren dejarlos morir dignamente y los intentos desesperados por remozarlos y recobrar la antigua mística, como la película que se estrenó en el 2007, que es un capítulo largo y malo, o como la publicidad que intenta amarrarnos a los recuerdos, no marchan, sino que giran y giran como buitres sobre la carne podrida de nuestro programa favorito. Todos estos intentos estoy seguro no solo están impulsados por el dinero, sino por una pequeña dosis de amor, porque, ¿quién no quiere a Los Simpsons? pero es mejor dejarlos ir, aplicarles la eutanasia y recordarlos como lo que fueron en temporadas más felices y no como ese triste y poco sabio anciano que es hoy. Nadie tienen la formula de la eterna juventud, ni siquiera Matusalén.

 

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Enemigos Públicos (o el anacronismo del futuro)

•Agosto 24, 2009 • Dejar un comentario

Enemigos Públicos 2

Hoy día son muchas las películas que han optado por el soporte digital. Ya son más de 1000 las que se han hecho de esta manera. Las cámaras son más livianas que las de cine, más baratas, la información no queda registrada en pesados y costosos rollos sino en pequeños y económicos cassettes, se puede revisar el material en la locación apenas se termine de grabar y con el auge de los proyectores digitales pronto no se necesitarán las costosas copias en celuloide, sino que las películas serán transmitidas por la red a los diversos cines del mundo entero. Trabajos como El Curioso Caso de Benjamin Button de David Fincher o Jumper de Doug Liman, han hecho casi imposible para el gran público notar la diferencia entre ambos formatos. Directores como Michael Mann, buscan todo lo contrario. Las tres últimas películas de Mann han sido hechas con video digital de alta definición, Colateral, una historia que transcurre en Los Ángeles, y Miami Vice, fueron sus dos primeras experiencias. Ambas historias transcurren en el presente y su particular estilo visual deja ver a leguas que no fueron hechas, ni pretenden lucir, de la manera tradicional. En Enemigos Públicos su última cinta, Mann ha llevado esta estética sucia y llena de ruido RGB al año de 1933, para contar la historia de John Dillinger, el mítico y carismático ladrón de bancos; interpretado  por Johnny Depp. Enemigos Públicos luce así: blancos saturados que parecen estallar, profundidad de campo casi infinita, tonalidades atípicas, luces más que sobre expuestas, ruido visual exagerado, colores y texturas que poco se ven en una sala de cine, bajo contraste, escenas nocturnas más parecidas a lo que ve el ojo humano, una cámara que se mueve constantemente como en un documental, una sensación espectral cuando los personajes se mueven demasiado rápido, planos con detalles microscópicos, cierta reminiscencia de video casero, una total indiferencia por el llamado film look de las películas de 35 milímetros y además una banda sonora cargada de atmósferas de sintetizadores. Podría hacerse una lista más larga de cualidades y condiciones de esta cinta, pero estas se aminoran un poco por el hecho de que aun el número de proyectores digitales en el mundo es reducido, o sea que la gran mayoría de mortales la vimos con proyectores convencionales, y por eso aun sigue manteniendo una pequeña relación con el celuloide y sus rayones y hace un poco menos amplia la diferencia. Mann dice que escogió el video digital porque le daba un aspecto más realista a su trabajo, pero muchos consideran que Enemigos Públicos es una película anacrónica, pues no logran conciliar que una obra de época tenga un look tan actual, tan poco parecido a las demás películas de época que han visto antes, por eso la pregunta necesaria es, ¿y como se veía 1933? ¿acaso en blanco y negro? Es un error relacionar un determinado estilo visual a una época en particular que nos ha impuesto la costumbre de nuestra propia experiencia cinematográfica. Hace poco tiempo alguien me dijo, de forma muy honesta, que los paisajes apocalípticos de Terminator: La Salvación, mostraba paisajes apocalípticos poco realistas. ¿Quien sabe como luce el apocalipsis? ¿Cómo luce el futuro? La gran mayoría de personas del planeta jamás vivimos en los tiempos de La Gran Depresión y ni siquiera conocemos los Estados Unidos de América, el mayor proveedor del imaginario colectivo mundial y en el que nos basamos para juzgar de esta manera. Muchos de los trabajos fotográficos de la películas “de época” están inspiradas en fotografías de películas “de la época”, no en la “realidad”. El gran problema es que Mann no es tan indulgente (o simplemente es un maniático de la estética) y está en busca de una visión nueva, ¿mejor o peor que elfilm look? no importa, lo que importa es que sea diferente y eso siempre necesita tiempo para que nos acostumbremos, aunque después que nos acostumbremos exijamos que todo sea igual a lo que hemos asimilado y esta discusión se vuelva a repetir.
Enemigos Públicos pretende ser épica, narrativa y visualmente, como todas las de Mann, y aunque en lo visual es un triunfo, su historia, que intenta  mostrar personajes al borde de la moral que se confunden entre los buenos y los malos, parecen estar más a la disposición de una atmósfera visual con momentos tensos y emocionantes que al desarrollo de la narración. La película es efectiva para mover fibras, pero da la sensación que, aunque está cerca, no llega a su meta, sea cual sea. Lo que resulta inexplicablemente épico en esta obra es la sencilla relación de amor entre Dillinger  y Billie Frechette su novia mestiza, interpretada con su habitual encanto por Marion Cotillard, en una actuación que deja la impresión de que su personaje es una mujer sacada de otra época. En el último trabajo de Mann lo visual lo es todo, la historia es accesoria.

Hoy día son muchas las películas que han optado por el soporte digital. Ya son más de 1000 las que se han hecho de esta manera. Las cámaras son más livianas que las de cine, más baratas, la información no queda registrada en pesados y costosos rollos sino en pequeños y económicos cassettes, se puede revisar el material en la locación apenas se termine de grabar y con el auge de los proyectores digitales pronto no se necesitarán las costosas copias en celuloide, sino que las películas serán transmitidas por la red a los diversos cines del mundo entero. Trabajos como El Curioso Caso de Benjamin Button de David Fincher o Jumper de Doug Liman, han hecho casi imposible para el gran público notar la diferencia entre ambos formatos (35 mm y video). Directores como Michael Mann, buscan todo lo contrario. Las tres últimas películas de Mann han sido hechas con video digital de alta definición, Colateral, una historia que transcurre en Los Ángeles, y Miami Vice, fueron, si excluimos algunos planos de Ali hechos en video, sus dos primeras experiencias. Ambas historias transcurren en el presente y su particular estilo visual deja ver a leguas que no fueron hechas, ni pretenden lucir, de la manera tradicional. En Enemigos Públicos su última cinta, Mann ha llevado esta estética sucia y llena de ruido RGB al año de 1933, para contar la historia de John Dillinger, el mítico y carismático ladrón de bancos; interpretado por Johnny Depp. Enemigos Públicos luce así: blancos saturados que parecen estallar, profundidad de campo casi infinita, tonalidades atípicas, luces más que sobre expuestas, ruido visual exagerado, colores y texturas que poco se ven en una sala de cine, bajo contraste, escenas nocturnas más parecidas a lo que ve el ojo humano, una cámara que se mueve constantemente como en un documental, una sensación espectral cuando los personajes se mueven demasiado rápido, planos con detalles microscópicos, cierta reminiscencia de video casero, una total indiferencia por el llamado film look de las películas de 35 milímetros y además una banda sonora cargada de atmósferas de sintetizadores. Podría hacerse una lista más larga de las cualidades y condiciones de esta cinta, pero estas se aminoran un poco por el hecho de que aun el número de proyectores digitales en el mundo es reducido, o sea que la gran mayoría de mortales la vimos con proyectores convencionales, y por eso aun sigue manteniendo una pequeña relación con el celuloide y sus rayones y hace un poco menos amplia la diferencia. Mann dice que escogió el video digital porque le daba un aspecto más realista a su trabajo, pero muchos consideran que Enemigos Públicos es una película anacrónica, pues no logran conciliar que una obra de época tenga un look tan actual, tan poco parecido a las demás películas de época que han visto antes, por eso la pregunta necesaria es, ¿y como se veía 1933? ¿acaso en blanco y negro? Es un error relacionar un determinado estilo visual a una época en particular que nos ha impuesto la costumbre de nuestra propia experiencia cinematográfica. Hace poco tiempo alguien me dijo, de forma muy honesta, que los paisajes apocalípticos de Terminator: La Salvación, mostraba paisajes apocalípticos poco realistas. ¿Quien sabe como luce el apocalipsis? ¿Cómo luce el futuro? La gran mayoría de personas del planeta jamás vivimos en los tiempos de La Gran Depresión y ni siquiera conocemos los Estados Unidos de América, el mayor proveedor del imaginario colectivo mundial y en el que nos basamos para juzgar de esta manera. Muchos de los trabajos fotográficos de la películas “de época” están inspiradas en fotografías de películas “de la época”, no en la “realidad”. El gran problema es que Mann no es tan indulgente (o simplemente es un maniático de la estética) y está en busca de una visión nueva, ¿mejor o peor que el film look? no importa, lo que importa es que sea diferente y eso siempre necesita tiempo para que nos acostumbremos, aunque después que nos acostumbremos exijamos que todo sea igual a lo que hemos asimilado y esta discusión se vuelva a repetir.

Enemigos Públicos pretende ser épica, narrativa y visualmente, como todas las de Mann, y aunque en lo visual es un triunfo, su historia, que intenta  mostrar personajes al borde de la moral que se confunden entre los buenos y los malos, parecen estar más a la disposición de una atmósfera visual con momentos tensos y emocionantes que al desarrollo de la narración. La película es efectiva para mover fibras, pero da la sensación que, aunque está cerca, no llega a su meta, sea cual sea. Lo que resulta inexplicablemente épico en esta obra es la sencilla relación de amor entre Dillinger  y Billie Frechette su novia mestiza, interpretada con su habitual encanto por Marion Cotillard, en una actuación que deja la impresión de que su personaje es una mujer sacada de otra época. En el último trabajo de Mann lo visual lo es todo, la historia es accesoria.

 

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Un Minuto

•Agosto 22, 2009 • 1 comentario

Cuando este minuto comience, cambiaré sin fin, como un loop improvisado de jazz, seré mil colibríes encerrados en una nevera, esta hoja en blanco, me perderé al igual que los bits en un computador o ese que entrega su mirada a un televisor sin señal. Estaré triste, estaré feliz. No estaré. No seré yo. Cuando este minuto se acabe, otro minuto vendrá.

 

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