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Una Invitación

Lo que mejor recuerdo es que la pierna se le movía con la suavidad de un péndulo en el vacío, era un tic perfecto y feliz. Tenía una camisa amarilla Tommy Hilfiger sin una sola arruga, un pantalón corto café, una correa de hebilla cromada y una bota texana reluciente sobre la única extremidad completa que le quedaba.

Cuando llegué a la pensión, la muchacha de mandíbula ancha me dijo que siguiera, que Ramón estaba en el patio. En el patio sonaba una canción de Julio Iglesias. Cuando lo vi, pensé en un bebé mutilado. Ramón nos presentó enseguida y estuve a punto de estirar la mano  para estrechársela.

-Mucho gusto. –Me dijo.

Antes de que me acomodara en una de las sillas, lo escuché gritar.

-¡Tráigame tres cervezas!- Y le pegó duro a la mesa con el muñón derecho.

Una muchacha morena, desnalgada y con unas tetas inmensas, descomunales, trajo tres cervezas en lata, las colocó en la mesa, abrió una y se la dio al mocho. La cara de resignación de la muchacha era más grande que sus tetas.

Estaba abriendo mi cerveza cuando vi que el mocho acercó los dos muñones sobre la lata, la apretó, la llevó a su boca y tomó un trago largo. Yo lo miré con curiosidad. No, mentira, yo lo miré fascinado. Pensé en la gente de los circos. Él se dio cuenta y pareció no importarle, porque sonrió y le dijo a Ramón que se pusiera el disco de Linkin Park que estaba ahí en la mesa, y me miró y me dijo <<Es que a mí me gusta de todo, el Charrito Negro, Diomedes, Juanes, los Bee-Gees, Shakira… De todo ¿Y usted es de aquí de este pueblo?>> Yo le dije que si, y le pregunté qué de donde era él, y creo que me dijo que era de Manizales, o de Pereira, o de Armenia, o algo así, entonces Ramón sacó dos cigarrillos, los prendió al mismo tiempo y le pasó uno al mocho, que lo tomó igual que a la lata de cerveza, pero como un cigarrillo es tan delgado, pego tanto los codos, que por un momento pareció que lo que quedaba de sus brazos iba a desaparecer en su pecho y los omoplatos se le iban a pasar al frente de las costillas.

Cuando acabamos las cervezas Ramón y yo nos levantamos para irnos, pero apenas nos levantamos el mocho nos dice que como lo vamos a dejar solo, que no señor, que es que él mañana se va del valle y no vuelve más, entonces Ramón le dice que el problema es que no tenemos plata, así que el mocho le dio un golpe fuerte a la mesa y dijo: Yo pago. Y como no teníamos plata ni plan, nos quedamos, porque además el mocho nos mostró un fajo de billetes, entonces le pidió otro cigarrillo a Ramón y cuando se contorsionaba para aspirar yo le pregunté a Ramón que quién era este man, y Ramón vino y me dijo que él era el que pedía limosnas en la calle que está aquí a dos cuadras, y yo le digo que no puede ser, que no me crea tan pendejo, y Ramón me dice que sí, que lo que pasa es que el mocho se lleva la ropa de trabajo y se ve diferente, y que además ya él ha ayudado al mocho a tomar el taxi que todos los días lo deja frente al almacén donde pide plata, entonces de repente Linkin Park se manda un solo de batería y el mocho tiró el cigarrillo al piso y con los muñones: tu-tu tu pa, tu-tu tu pa, tu-tu tu pa, le pegaba a la mesa cual batería y se movía poseído por el ritmo y yo pensé que el asiento se iba desbaratar, y dije a Ramón:

-Verga marica a este man le dio un ataque de epilepsia.

Ramón empezó a reírse sin pudor y yo lo seguí, y cuando el mocho nos vio riéndonos de él, soltó tremenda carcajada y luego continuó su faena al lado de Linkin Park. La muchacha tetona apareció otra vez, pero ahora traía seis latas, así que frías van, frías vienen, risas, ataques de epilepsia otra vez, y como ya estábamos en confianza, le pregunté qué si nos hacía un préstamo, pero dijo que es que le estaba yendo muy mal últimamente, porque según el mocho, cuando tenía un día malo, se hacía unos 30.000 pesos, y en estos  meses, era muy raro el día en que se hacía 50.000, y yo como he visto tantos mochos en Barranquilla le dije que se fuera para allá, pero él me dice que los barranquilleros son unos hijueputas miserables y que allá apenas se hacia 20.000 diarios cuando le iba bien, así que a esa ciudad de mierda no volvía más nunca, que la verdad hoy era su despedida porque mañana se iba era para su tierra, y que hoy era su última noche en el valle.

-¿Se va para donde su familia? Le digo yo.

Cuando le vi la cara al mocho, me arrepentí de haberle pedido la plata. Después de unos segundos contestó.

-Yo demoré tres meses en el hospital, después del segundo mes, no he vuelto a ver a mi mujer y a mis hijos.

El mocho se tomó un trago de cerveza, me miró, y yo bajé la cabeza. Luego llamó a la muchacha tetona y le dijo algo al oído, entonces, cuando ella se alistaba para levantarlo, él se despidió de nosotros tratando de mover los brazos como cuando uno dice adiós con la mano. Ella le pasó el brazo por debajo del muslo y lo levantó con un poco de esfuerzo. Parecía un bebé buscando leche materna. La pierna y su lustrosa bota se movían en el vacío como un apéndice de felicidad.

-¿Y esa vieja es la enfermera del mocho?

-Esa es la mujer.

-¿Y él no y que no tenía familia?

-Ajá, él la conoció apenas hacen como dos semanas y esa vieja como que era puta, entonces este man la va a mantener y esta vieja lo va a bañar, a limpiarle el culo y a comérselo.

Palabras x Centavos

A las 12

Era mediodía, y la delgada franja de piel brillante, entre su falda y su blusa, más nunca me dejaría dormir, como esa línea de luz que se asoma por debajo de mi puerta a medianoche.

Inversiones

Hoy el bus se ha demorado un poco. Sigo mirando el recibo. 16% de IVA. Trato de imaginar cuantas cervezas se comprarán con… Tiro el recibo en el andén, al lado de un poste, al lado de una bolsa de basura. Me quedo mirando el recibo arrugado. A lo mejor me toca cambiarlos… ¿Si los cambiarán?, bueno, uno nunca sabe. Los leo y después los cambio. Cuando me agacho, alguien se detiene a mi lado. El bus se acerca. Esa persona dice algo, pero no entiendo y no me importa. Saco un billete de 1.000 del bolsillo de mi pantalón y luego busco una moneda –para no esperar el cambio-. Me vuelve a hablar, pero más fuerte. Me quedo quieto, paralizado, no me atrevo a voltear. El tipo toma la bolsa que tengo en la mano y busca la billetera en mi pantalón, mientras el bus pasa lentamente. El chofer mira la escena casi con lástima. Esto me pasa por marica. Mal contadas, con lo que acabo de pagar por esos dos libros de mierda, me habría tomado unas 90 cervezas, no en un bar, claro, pero son 90 cervezas al fin. Culo de pea. El chofer acelera y continúa su ruta. Un hombre se prepara para cruzar la calle. El ladrón  toma mi billetera y cuando la va a sacar, la cadena que llevo siempre atada a ella, nos da un pequeño tirón, así que el tipo me mira, o eso creo, porque yo seguía mirando hacia al frente. Cruza la puta calle rápido nojoda. Creo que fue el brillo de una navaja lo que vi, así que suelto el seguro de la cadena tan rápido como Steven Seagal. Giro un poco la cabeza y me doy cuenta que se va, caminando despacio, alejándose con mucha tranquilidad, llevándose mis libros. El hombre termina de cruzar la calle y se detiene a mi lado. Me mira, luego mira al que me acababa de robar. No puedo abrir la boca. El hombre me mira de nuevo.

-¿Qué pasó?

Ya no estoy solo. Y grito con fuerza.

-Es que el hijueputa ese que va ahí –lo señalo con rabia- me robó unos libros que acababa de…

El tipo deja de caminar automáticamente, espera un segundo, mira la bolsa de reojo, da la vuelta y nos mira sin decir nada. El hombre que está a mi lado cruza la calle corriendo y para un taxi. Enseguida, mira la bolsa de nuevo, la abre y descubre los libros. Los mira como quien ve una pierna con gangrena. Un ladrón decepcionado. Tengo la impresión que quiere escupir, pero en vez de eso, empieza a caminar hacia mí. Doy un paso atrás. De repente, se detiene y levanta la mano… Los libros se estrellan contra el piso.

-Nooo… -Digo, como si me hubiesen pateado los huevos-. No ves que esos libros me costaron…

Entonces el tipo me mira sorprendido, recoge la bolsa, saca uno de los libros, lo huele -su gesto de asco desaparece- vuelve a meterlo en la bolsa, y se va. 91 cervezas quizás.

¿Qué es un Deporte Extremo?

¿Has visto un partido de rugby, o de fútbol americano? ¿Has visto a un ciclista pedaleando en verano durante cinco horas diarias durante un mes, a una gimnasta romperse la cuarta vertebra contra el piso, a un tipo que el brazo se le astilla, después de levantar 250 kilos de peso muerto, a un atleta vomitando en plena calle, para luego desvanecerse, a punto de llegar a la meta de una maratón, o un accidente en un carro a mas de 300 kilómetros por hora? ¿Has visto la forma en que hoy, se mueve el gran Muhammad Ali? ¿Alguno recuerda cuantos boxeadores han muerto en un ring? ¿Alguien en Colombia recuerda a Jimmy García?

No quiero que me vendan patinetas -ahora las llaman tablas para venderlas más caras-. No quiero que me vendan bicicletas caras, ni tablas para una nieve que nunca veré. Ya basta de vender sus productos bajo el rótulo de, más que un deporte, es un estilo de vida. Estoy cansado de ver gente llena de tatuajes creyendo que eso los hace más rudos, como dicen en los doblajes de las películas gringas. Alejen de mi sus costosos deportes para rebeldes cool. Es más, alejen de mi tanto deportista marica -sea futbolista, sea skater, sea beisbolista- esclavo de las televentas.

La vida es un puto riesgo que nadie puede eludir, ni siquiera perdiéndose en el deporte más extremo. La vida es la violencia avalada.

Hoy

Tengo 85 años, y hace más de medio siglo que estoy esperando. Hoy todo es polvo, hologramas y polvo, como siempre.

Ese año hacía frío. Mi tío Samuel nos preparó. El tenía libros al lado del serrucho y el metro, y era huesudo y alto y dulce. Teníamos que estar despiertos a las cuatro de la madrugada, cruzar la calle y llegar a la puerta de su casa. Mi espera no comenzó en la madrugada, empezó la noche anterior y nunca se acabó. No dormí bien. Fui el niño que esperó a los Reyes Magos hasta que lo venció el sueño, y al otro día, se levantó más temprano que nunca, buscando su regalo. Me cambié con la ropa que había dejado preparada y revisé el bolsillo del pantalón para ver si todavía estaba ahí el pedazo de vidrio.

Hoy es el año 61 de este siglo oscuro. Dicen que se avecina una revolución, pero en esta década, como en aquella, nada cambiará.

Mi tío nos había enseñado como limar los bordes para no cortarnos. El día anterior jugamos en el sol con las hormigas y esos trozos de culo de botella. Fuimos diez niños en la madrugada.

Ya mi tío nos había explicado lo que era un cometa, una cosa caliente volando en el espacio. Y brillaba. Nos sentamos en la arena y miramos hacia arriba. Creo que la luna estaba llena, así que mi tío dijo que el resplandor de la luna lo opacaría. Le dije que no, que lo veríamos sin problema. Pasó un buen rato y me impacienté.

-Tío, yo no veo nada.

-Hay que esperar otro ratico.

¿Cuántos segundos tiene un ratico?

Alguien gritó, -Ahí está-. Todos buscamos y vimos una estrella fugaz. Yo le daba vueltas al vidrio en mi mano mientras tanto. Mi tío dijo que cuando aparece una estrella, el cometa viene atrás, ahí mismo. Las estrellas fugaces son bonitas, pero lo que deseábamos ver era esa inmensa bola ardiente.

Vivo solo en un apartamento estrecho y húmedo, lleno de goteras. A veces un haz de luz muy brillante se filtra por las persianas cada tanto. La televisión está llena de naves y gente hablando del futuro. Afuera, todo parece humo y no me gusta salir. Hay gente peligrosa allá afuera, gente que dice querer cambiar el mundo. La lluvia ya me quema. Estoy cansado.

Mi tío me tomó del hombro y con disimulo señaló a un lado de la luna. Tomé el vidrio, y a través de ese rústico monóculo de aumento, no vi nada.

-Miren a este lado. Dijo mi tío a los demás, señalando aquel punto.

Todos tomaron sus pedazos de vidrio y empezó una algarabía que yo no entendía. Todos brincaban y señalaban. Ahí estaba el cometa, pasando a un lado de la luna, y mi espera no terminaba. ¿Por qué?

Acomodé un poco el vidrio. Todo igual. Luego lo tiré lejos.

Vi una mancha borrosa, un círculo de leche alrededor de la luna; pero creo que eso siempre estuvo ahí. Lo que debía ver era una mancha larga y recta y veloz. Eso era lo que veían los otros niños, y por eso gritaban felices en la madrugada de un pueblo. De repente mi tío se acercó de nuevo.

-¿Ya lo viste?

-Claro. Y señalé una parte al azar.

Un ratico son 2.396.736.000 segundos o algo así. 76 años. Dentro de 76 años volverá a pasar el Halley. Era mi regalo de Reyes Magos, y no lo vi.

Años después me diagnosticaron miopía.

Cada noche me asomo por la ventana y miro hacia arriba. Hoy el cielo es un relámpago en sepia, y la luz del día, se esconde temprano. Jamás he visto un zeppelín plateado flotando entre el humo. Ya no necesitaré un pedazo de vidrio para verlo. En la enciclopedia de mi abuelo, en esa ciudad, había naves y zeppelines y robots y la gente sonreía. Nunca escucho una sonrisa por la noche. Los ojos me los operaron hace mucho en una habitación peligrosa, llena de basura. Fui un niño que se levantó a la hora en que lo hacían los hombres y aprendió a contar hasta cero, una muerte lenta de 2.396.736.000 segundos. Mañana pasará otra vez. Se acabará la eternidad.

Hoy es el año 2061… Y aunque pronto veré brillar al cometa Halley por entre el aire plomizo de este cielo de gasolina… Fui un niño que se acostumbró a esperar.

Añoviejo

La pierna se le movía como la aguja de una máquina de coser. Miró el reloj que tenía en su mano izquierda y enseguida volteó a ver el que estaba en la pared, pero estaba detenido. Volvió a ver el reloj en su muñeca. Hacía calor. Se levantó, se acercó al espejo y se arregló el cuello de la camisa. Hacía mucho tiempo que no se vestía así, la última vez fue en el bautizo de su hija. Siempre le gustaron las camisas blancas de cuello duro. Ella le dijo que llegaría antes del anochecer. El reloj avanzó cinco minutos. Ahora sentía más calor, estaba empapado, totalmente empapado, y además sudaba y la ropa se le pegaba al cuerpo. Tenía nauseas.

En el edificio se escuchaba el murmullo de la gente. El reloj otra vez. Faltaban cinco para las doce. Cuando escuchó el sonido de los tacones, entró al cuarto de la niña y le dio un beso. Las gotas pesadas se le caían de la cara. Hoy era un día especial, si, ella no podría engañarlo más.

Todo estaba oscuro. Ella cerró la puerta, guardó las llaves en el bolso y cuando levantó la mirada, vio su sombra al fondo de la sala, esperándola.

Silencio. Calor.

-Amor lo siento, pero es que… -La algarabía de los vecinos volvió a la sala-. Ella dio un grito de felicidad y empezó a contar. -Nueve, ocho, siete, seis… Mientras caminaba hacia él, hacia su silueta, tropezándose en la oscuridad. De repente, ella se detuvo, con un gesto de asco.

-¿A que huele? -Y se tapó la nariz-.

-A gasolina. Tres, dos…

-¿Ah?

La sala se iluminó, brilló. El calor aumentó. La zarza ardiente, pensó ella, mientras veía como el cuello duro de la camisa se deformaba y dejaba de ser blanco y se fundía con la piel de su esposo.

Deducciones Fractales Lógicas / Versión 1.1*

La Gran Ola de Kanagawa  es un grabado del artista japonés Katsushita Hokusai. Se trata de la representación de un mar bravo. La cresta de la ola se divide irregularmente en otras pequeñas olas. Todo está proporcionado dentro del caos de este Tsunami. Es música en imágenes. La obra está basada en Fractales, un algoritmo matemático donde las figuras o sonidos surgen de la repetición de la misma pauta a distintas escalas. Así, los fractales están relacionados con lo que llaman el Efecto Mariposa, las alas que son batidas en algún lugar del mundo pueden generar cualquier tipo de cosas en un lugar lejano.

Una mariposa, una ociosa mariposa, batió sus alas en Japón y acá en Colombia surgió Mauricio&palodeagua, así surgió, todo pegado y malformado, como si no tuviera apellido. Si al tipo lo entrevistan,  se refieren a el como Mauricio&palodeagua, como si fuese un ente multipersonal con cédula de ciudadanía; es  como si por ejemplo dijéramos; como está señor Carlosvivesylaprovincia; quien es, al parecer, el núcleo de nuestra deducción fractal. Todos sabemos que esta ola musical arropada bajo etiqueta del Tropi-Pop, son los hijos de Vives; aunque intuyo que la música del papá es al menos más decente que la de sus hijos, hijos que seguramente nacen de la cópula de músicos de rock fracasados y un día enguayabado escuchando Clásicos de la Provincia.

La deducción arroja sus primeras luces. Ya sabemos porqué no tiene apellido: Se trata de un hijo bastardo, ilegítimo, tal vez parido de un incesto, deforme. De todas maneras resulta curiosa la gran aceptación que tiene esta música. Todo el mundo sabe que en la cresta de esta ola no hay grandes cantantes, ni mucho menos arreglistas creativos, y claro está, jamás, melodías decentes.

A veces, en ciertos géneros, escuchamos ciertas tonadas en las que es imposible señalar algún aspecto sobresaliente; pero que emanan cierta calidez, cierta aura que atrae. Ese no es el caso del Tropi-Pop, aquí es todo lo contrario; las canciones tienen el tumbao de un bulto de cemento, los ritmos son simplones, como para que no den ganas de bailar. Se trata de grabaciones feas, muertas; pero aun así, siguen engendrando, fractales cada vez más lejanos, pequeños y amorfos.

Mauricio, hijo de Carlos, engendró a Bonka, Bonka, hijo de Mauricio engendró a Tinto… Y así hasta el fin de la música, hasta que desaparezca, amén. Todo esto nos lleva a una paradoja. Los fractales, ya sabemos, son algoritmos, y la proporción musical es dictada por la matemática, entonces por qué, este tropiezo de la naturaleza, hace tan malas canciones, siendo sus álbumes tan formulaicos, tan ceñidos por una lógica ya probada. Se trata claro de una fórmula en su más baja expresión, pero que funciona, así nos duela… No entiendo en que dirección van los fractales ahora, tal vez voy por el camino equivocado, tal vez hay que tomar un orden descendente, lo cual me lleva a mirar en la dirección opuesta, ya no se trata de quién engendró a Mauricio&… Sino que, así que me iré por el camino del baile.

¿Se trata de música hecha para bailar? No lo creo. ¿Han visto como se baila en Bogotá? Bueno, aquí la danza no es precisamente una virtud, Aquí se baila como si se tuviera una sola pierna, y se pensara en un partido de rugby. Hasta donde me trajo la bendita matemática. La génesis de  Mauricio&… está entonces, en el baile; si señor, se trata tal vez del primer experimento en la historia universal donde el baile genera composiciones musicales con un fin específico. Si escuchamos por ejemplo Canto Caribeño, nos damos cuenta de sus letras y ritmos castrados. Con las palmas voy siguiendo el ritmo exacto, pa’ entonarte siempre el canto caribeño, ritmo exacto dice el man, lo que quiere decir una sola cosa, que están hechos para bailar solo de una forma, de la manera en que se baila en la capital. Estos ritmos están hechos para que los bailadores crean en una ilusión, una realidad virtual, más exactamente, es como si entraran en un simulador de baile, cuyos procesos (los de los simuladores reales) se basan en algoritmos fractales. Entonces, se trata de canciones terapéuticas, hechas para la minusvalía rítmica, manuales de superación personal en forma de disco compacto.

Algún mérito tenía que tener el tipo ¿no?, pero los fractales nunca se detienen, son la paradoja del infinito, por lo tanto tengo una nueva pregunta, si esta música es hecha para minusválidos, para tullidos, como es mi caso, (doblemente tullido, porque soy costeño), que no soy capaz de bailar un trance bajo las luces estroboscópicas, que todo lo arreglan, ¿porqué, desde mi discapacidad, no puedo ni por un segundo disfrutar esto?; porque me imagino que su poder curativo trasciende los gustos.

No creo que yo sea inmune, supongo, que no pasa nada, porque se trata de una música muy mala, donde la letra de Canto Caribeño más que un homenaje a la costa,  suena como un cachaco arrodillado, renegando de sus raíces; ofreciendo tantos clichés, (que me inspira con el alma e’ parrandero con las congas, los timbales, panderetas, acordeones, guacharacas y trompetas) que suena más como una publicad turística; porque es una música perezosa, sin alma, sin empeño, que escapa a los fractales, que son la misma naturaleza hecha movimiento y proporción. Entonces, no existe relación con la mariposa que batió las alas en Japón, es tal vez la única cosa en el mundo que no tiene nada que ver con esa mariposa amarilla; es la contraparte dañina de La Gran Ola; se trata, palabras más, palabras menos, de una aberración, de ese tipo de cosas que nacen de una apendicitis, de un colon inflamado, y de ahí, van a parar al excusado.

Publicado en Revista Electra, Mayo de 2007

Inglés Dominical

Sunday: ['sΛndei] n (day) domingo.

El inglés se lo inventaron en el norte de Europa, donde el sol aparece de vez en cuando en el televisor. El domingo es el día esperado, el día que, más que un brecha en la semana, es un precioso regalo del cielo. Para estos manes, los que hablan english, domingo significa textualmente día soleado. The sunday es el día en que volvemos a ver el sol antes de entrar otra vez en las penumbras.  

En los domingos, hay demasiadas misas y demasiadas mentiras y aquí en Bogotá, poco sol. Es largo el domingo, como un día de hambre, lento,  pero nunca te alcanza. No es suficiente para descansar, mucho menos si tienes algo que hacer, y si estás en un lugar donde sale el sol, ni siquiera te das cuenta o prefieres verlo por TV. Lo único que hace soportable su puto y contagioso desdén, es que existen los festivos. Los festivos son un domingo bobo, y hacen ver al otro un poco menos feo. Aparezca o no el sol, en los domingos, a veces  te sirven el almuerzo tarde.

 

Un Día de Sol en Bogotá

Como llueve tanto… Para que no se les olvide como es que es eso.